Culturalmente el queso lleva la “coletilla” de adicto o alimento que crea adicción, pero ¿por qué? ¿por qué gusta tanto el queso? Eso nos preguntamos nosotros aquí, pero no estamos de acuerdo con la mala prensa que hace un año desgajó un estudio y partiendo de una de sus consideraciones, tachó al queso de “droga”

Si el queso ese alimento que, no siendo materia prima básica, ha resultado ser el derivado de la leche que con más profundidad y arraigo está presente en nuestra historia y en nuestra gastronomía.

Hace un año apareció un estudio de la US National Library of Medicine, National Institutes of Health con el título de ¿Qué alimentos pueden ser adictivos? Las funciones de procesamiento, contenido de grasa y carga glucémica. Estudio que refería el procesamiento en la fabricación del queso como un alimento que generaba adicción. Pero, ¿cuántos alimentos procesados en nuestra cesta de la compra no son adictivos o contienen elementos que lo cuestionan? Leyendo las etiquetas nos encontramos desde el azúcar hasta potenciadores del sabor disfrazados en complejas fórmulas químicas.

Tras el estudio aparecieron detractores y defensores del queso. Es verdad que contiene casomorfina, afirmaban algunos, que es una sustancia estructuralmente parecida a las endorfinas, presente también en la leche materna, que nos genera una agradable sensación de bienestar. Que conste que la casomorfina es veinte veces menos potente que la morfina, por si los vocablos nos llevan al equívoco.

Tal revuelo que la prensa reveló la noticia de que el queso era una “droga”.  Así tal cuál, en titulares. La polémica estaba sobre la mesa y suscitó un tremendo revuelo en el entorno de los grandes productores del rey de los lácteos, que salieron en su defensa. Los artículos que machacaban al queso, comparándolo con la droga se contrarrestaban con estudios que minimizaban sus consecuencias. 

En su defensa aparecieron otros artículos donde se rebatía que esa estimulación que el queso produce en nuestro cerebro, activa nuestro sistema opioide (endorfinas), pero por ello no quería decir que nos íbamos a convertir en adictos y que íbamos a tener graves efectos secundarios poniéndonos finos de queso.

Como vimos la interpretación errónea sobre un estudio dio paso a la polémica sobre alimentos que tras su procesamiento crean una adicción en nuestro comportamiento alimenticio. Pero, que alimento a día de hoy no lleva una ligera alteración en su crecimiento, maduración o procesamiento.

Muy hábil hablar de drogas cuando algo gusta tanto que nos supera, ¿o acaso el fútbol, las compras, internet, el móvil,… no son drogas? Digamos que droga es todo aquello que nos gusta y provoca el denominado “enganche”, pero unos producen graves efectos secundarios y tremendas consecuencias, pero otros como nuestro adorable queso, producen placer y felicidad. 

Pues esa es la adicción, el querer más y más y no parar, pero no por sustancias químicas o psicotrópicas, sino por nuestra razón de ser, nuestra naturaleza, nuestro eslabón perdido, somos mamíferos “mamamos” en el buen sentido de la palabra, leche,… pero si está curada, salada y solidificada, mejor.