José Manuel Mateu Gippini

Despedimos a José Manuel Mateu Gippini, un empresario ejemplar y, sobre todo, un ser humano íntegro, por la vida que entregó y el amor que sembró.

A los 23 años, recién finalizado el Bachillerato en el Liceo Francés, y ante la enfermedad de su padre, tomó las riendas de la familia. Ejerció de padre y hermano mayor, y llevó hasta su máximo esplendor la empresa Mateu-Cromo Artes Gráficas SA, situada en la localidad madrileña de Pinto.

Bajo su dirección, la imprenta llegó a contar con más de 1.500 trabajadores, además de numerosos empleados en otras sociedades que él mismo fundó en sectores como la construcción o el transporte, entre ellas Macursa y Transportes García de la Fuente.

Fue el gran impulsor de Mateu-Cromo Artes Gráficas SA, artífice de su transformación en una de las compañías más prestigiosas de Europa en el sector de las artes gráficas. En sus talleres se imprimieron la Enciclopedia Álvarez, El Parvulitos y los libros de texto de la Editorial Santillana. «¿Qué hogar español no ha tenido o tiene un pedacito de resma de papel de Don José Manuel, como todos le llamaban?».

Su pasión por el campo lo trajo hasta Huelva, primero a “Valcampero”, un paraíso de finca junto al Chanza, y después a “El Obispo”, donde, junto a Jesús de Polanco, intentó llenar de almendros aquel sueño compartido de dos empresarios madrileños de los setenta que llegaban en el tren cama a Huelva.

En la capital onubense dejó también su huella urbanística: fue el impulsor de la barriada de Santa Marta, un modelo de construcción social. Aquellos 258 primeros pisos, de ocho y cuatro plantas, rodeados de jardines, fueron iniciativa suya, del mismo modo que cientos de viviendas sociales que promovieron en terrenos familiares de Pinto.

Su íntima relación con el magnate de la prensa, Jesús de Polanco, culminó con la venta al Grupo PRISA de las fábricas de Pinto (Mateu-Cromo SA) y de Valladolid (Macrolibros). Corría el año 2000, y el mundo digital comenzaba a poner fin al reinado del papel. Fue una decisión acertada que él mismo definió como “un golpe de suerte”.

Involucró a sus hermanos y se volcó en una de sus grandes pasiones: la agricultura y la ganadería, vocaciones que heredó de su padre. En ellas volcó toda su sabiduría y su espíritu emprendedor, como escribió el filósofo romano, que “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre” Marco Tulio Cicerón (106-43 aC).

Entre sus lecturas favoritas destacaron los tratados de Varrón y Columela, obras que continuaban sirviendo de guía a campesinos y ganaderos. Con una inteligencia prodigiosa y una curiosidad insaciable, se propuso transformar un terreno árido, ácido y arcilloso del Andévalo onubense en una finca fértil y productiva: Dehesa Dos Hermanas.

Adquirió la finca en 1978, atraído por su buena comunicación y su favorable pluviometría. Como solía decir, “hay gente que se plantea retos: unos quieren escalar una montaña, otros correr una maratón; lo importante es entrenarse, caer y levantarse con más fuerza”.

Así comenzó la que sería su última gran obra y su pasión más duradera: Dehesa Dos Hermanas, una finca convertida en empresa, donde volcó su sabiduría y, sobre todo, donde fue feliz. La transformó en una explotación ganadera, agrícola e industrial reconocida como modelo en Europa y en el mundo.

En los años ochenta formó a decenas de trabajadores, enviándolos a aprender el oficio del ordeño y la elaboración de quesos a las mejores granjas de Castilla y La Mancha. En los noventa, con la leche obtenida en sus apriscos, inició la producción de un queso curado con leche cruda, que pronto conquistó a los responsables de compras de El Corte Inglés, quienes adquirieron casi toda la producción, dejando solo pequeñas partidas para la venta local.

José Manuel Mateu Gippini llegó a saber de ovejas tanto o más que cualquier veterinario o especialista. Estudió incansablemente, sobre todo textos franceses, y fue el primer importador en España de la raza lechera Lacaune, origen del queso Roquefort. Logró traerla tras insistir personalmente ante el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En la década de 2000, su queso —reconocible por su característica caja verde— alcanzó fama nacional, y su leche fue adquirida por marcas de prestigio como Mantequerías Arias, Boffard y Flor de Esgueva.

Su mente inquieta lo llevó a diversificar la finca con proyectos de porcino e incluso a estudiar la creación de una piscifactoría en los pantanos de la propiedad, que almacenan hasta 2 hectómetros cúbicos de agua. Algunos proyectos no prosperaron, pero fiel a su filosofía de que “cada fracaso enseña algo”, decidió modernizar y reestructurar toda la explotación, con el apoyo de su familia.

Durante la última década, Dehesa Dos Hermanas se ha consolidado como una finca modelo, galardonada por su Bienestar Animal, su modernización y sus quesos han sido premiados internacionalmente en los World Cheese Awards y segundo mejor queso español en su categoría, entre otros reconocimientos.

Como dijo su hermano en la misa de difunto que se celebró ayer en el tanatorio de la M-30 de Madrid: “Más que una propiedad, mi hermano creó una familia. Muchos de tus trabajadores han querido acompañarte en tu despedida, rindiéndote amor, respeto y gratitud. Y eso vale más que cualquier logro material. Tu verdadero triunfo fue otro. Tu humildad de corazón, te desvivías por las personas, te entregabas sin medida. No buscabas reconocimiento. Tú simplemente amabas sirviendo, ayudando, estando.”

José Manuel Mateu Gippini fue una persona única e irreemplazable, un hombre que se entregó a todos. Con solo 23 años cargó sobre sus hombros la responsabilidad de ser padre y hermano mayor de siete más. Fue guía, sostén y ejemplo. Hoy, su familia toma el relevo, decidida a mantener los valores y el espíritu que él les inculcó, para continuar siendo un referente desde Huelva.

A sus 88 años no pudo superar una insuficiencia respiratoria, aunque su mente seguía lúcida y brillante. Conservaba una memoria prodigiosa, que muy pronto verá la luz en una biografía editada y publicada por la empresa que fue el fruto de toda su vida: Dehesa Dos Hermanas.

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